Lo que me hicieron fue muy duro. Me operaron de la nariz y lo que debía ser una cirugía sencilla terminó siendo un desastre. Fue una mala praxis que no solo afectó mi salud, sino también mi autoestima. No sabía qué hacer ni cómo enfrentar todo lo que vino después, pero ahí apareció Gabriel. Con él no solo encontré un abogado, sino alguien que me escuchó, que entendió mi dolor y que me ayudó a reclamar lo que me correspondía. Después de mucho esfuerzo, logramos que los médicos y la prepaga fueran condenados y me concedieron una indemnización que cubrió parte del perjuicio que sufrí.
Pero lo que más me sorprendió de Gabriel fueron nuestras charlas. En medio de toda la lucha, hablábamos sobre temas fascinantes, como la posibilidad de vida extraterrestre. Era increíble cómo, a pesar de todo el estrés, esas conversaciones me ayudaban a desconectarme y a ver un lado de él lleno de curiosidad y humanidad. No tengo palabras para agradecerle; gracias a su trabajo, pude empezar a sanar y volver a sentir esperanza.