Carolina enfrentó un injusto intento de ser desheredada por su padre. Tras demostrar que "vendió" el único inmueble que tenía a un sobrino para disfrazar la desheredación, la Justicia falló a su favor, determinó que existió una simulación que encubrió un acto de desheredación y condenó a los responsables a pagarle una fuerte indemnización.
La historia de Carolina D. es un ejemplo de lucha por los derechos hereditarios y de cómo la Justicia puede poner freno a maniobras destinadas a perjudicar a los herederos legítimos.
Tras el fallecimiento de su padre, Carolina descubrió que el bien más valioso del patrimonio familiar, un departamento en el barrio de Belgrano en la Ciudad de Buenos Aires, había sido "vendido" a su primo y la esposa de este. Pero las sospechas de Carolina pronto se confirmaron: no había sido una venta genuina, sino un intento de desheredarla.
El caso que tramitó en el juzgado civil 66 reveló que la operación no era más que una fachada para disfrazar una donación fraudulenta. Carolina demostró que el precio pactado era muy inferior al valor real del inmueble y que los supuestos compradores eran su primo y la esposa, quienes no tenían los recursos económicos para realizar una transacción de ese calibre.
La intención de su padre era muy clara: despojar a Carolina de su herencia legítima. Durante el proceso judicial se pusieron en evidencia tensiones familiares de larga data y el maltrato que Carolina había sufrido desde joven a manos de su padre y madrastra. A pesar de todo, ella decidió luchar por lo que le correspondía y llevar el caso hasta las últimas instancias.
Finalmente, la Justicia falló a su favor. Se declaró que la operación inmobiliaria era una simulación destinada a perjudicar a Carolina, y no solo se anuló la "venta", sino que también se condenó a los demandados a pagarle una fuerte indemnización para reparar el daño causado.
Este caso no solo marca un precedente importante en la defensa de los derechos hereditarios, sino que también es un recordatorio de que, con perseverancia, es posible revertir situaciones injustas y que no es tan fácil desheredar a nadie en nuestro sistema jurídico.
Para Carolina, el fallo no solo representó una victoria legal, sino también una reivindicación personal tras años de desigualdad dentro de su propia familia.