Alejandra V. enfrentó una situación desesperante cuando fue demandada por un acreedor sin escrúpulos que pretendía cobrar una hipoteca vencida. La justicia falló a su favor, dejando un precedente importante en contra de prácticas usureras.
Alejandra, una trabajadora que había sacado un crédito hipotecario, se convirtió en víctima de un sistema diseñado para enriquecer a su acreedor a costa de su tranquilidad. Todo comenzó cuando solicitó un préstamo que, en apariencia, era manejable. Sin embargo, por distintos problemas de índole personal no pudo abonar las cuotas. Al no poder cumplir con ni con el pago iniciales, el acreedor comenzó a refinanciar la deuda, incrementando exorbitantemente los montos y condiciones hasta hacerlos impagables.
El tiempo pasó y el acreedor -por razones que se desconocen- esperó sin reclamar, quizás apelando a llegar a un monto de intereses exorbitante para quedarse con la casa, pero en este devenir la hipoteca venció. Lejos de cerrar el capítulo, el acreedor inició un juicio de ejecución hipotecaria, exigiendo un pago que Alejandra nunca podría realizar y sobre la hipoteca ya vencida (prescripta al haber pasado más de diez años de la falta de pago)..
En el fallo, el juez destacó que el acreedor no logró probar que Alejandra hubiera realizado los pagos de las cuotas iniciales y que fue justamente el prestamista quien agregó una cláusula de “mora automática”, por lo que ante la falta de pago corría el plazo de la prescripción. Si bien el acreedor presentó documentación para justificar que Alejandra había pagado 21 cuotas, esto fue negado en el juicio y lo cierto es que dicha documentación carecía de respaldo confiable.
Incluso la declaración del testigo propuestos por el acreedor fue tildada de inverosímil, ya que el testigo era el mismo abogado que patrocinaba al prestamista, algo muy llamativo.
Bajo estas consideraciones, entre otras, el juez resolvió a favor de Alejandra, declarando prescripta la deuda hipotecaria debido al paso del tiempo y a la falta de pruebas claras por parte del acreedor. Este fallo no solo significó una victoria para Alejandra, sino también un mensaje claro contra las prácticas usureras y abusivas que afectan a tantas personas.
El caso de Alejandra es un ejemplo de cómo la justicia puede proteger a las personas frente a situaciones que parecen no tener salida. Sus palabras finales resumen su experiencia: “Esto no fue solo una victoria en los papeles. Fue recuperar mi dignidad y mi tranquilidad”.